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	<title>Comentarios para Ideiazoka</title>
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	<description>Mercado de ideas que rebotan &#124; Erreboteko ideien merkatua</description>
	<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 20:59:14 +0000</pubDate>
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		<title>Comentario de Bask en Médico compartido</title>
		<link>http://www.ideiazoka.com/2009/05/31/medico-compartido/comment-page-1/#comment-9</link>
		<dc:creator>Bask</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 23:30:16 +0000</pubDate>
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		<description>Es muy fácil: muchos médicos se marchan a otras provincias, o al extranjero, donde no les quitan creditos por el ridículo perfil linguistico, y además les pagan mejor.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy fácil: muchos médicos se marchan a otras provincias, o al extranjero, donde no les quitan creditos por el ridículo perfil linguistico, y además les pagan mejor.</p>
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		<title>Comentario de Miguel Moñux en Del transporte público al chofer robot</title>
		<link>http://www.ideiazoka.com/2009/05/31/del-transporte-publico-al-chofer-robot/comment-page-1/#comment-4</link>
		<dc:creator>Miguel Moñux</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 16:48:48 +0000</pubDate>
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		<description>Aunque no estoy en ninguna de las organizaciones de la comarca, me permito intervenir en relación a las propuestas de Ander sobre el coche eléctrico y sobre el tráfico. Querría incidir precisamente sobre las partes menos tecnológicas de su idea (chófer-robot, reaprovechamiento de energía en el coche,...), y destacar en cambio las más sociales (transporte público, alquilar en vez de comprar, compartir vehículo,...).

No planteo ninguna novedad, ya que tanto alquilar como compartir son iniciativas que se vienen ensayando con cierto éxito en Francia, y sobre todo en Suiza y Alemania. Como muestra se pueden consultar por ejemplo:

http://www.covoiturage.com
http://franceautopartage.com

En Suiza encontramos tal vez el ejemplo más significativo:
fttp://www.mobility.ch

También hay algunas iniciativas netamente empresariales de empresas de alquiler:
http://www.okigo.com



Me permito incluir un pequeño texto que envié a Innobasque en Enero, antes incluso de conocer estas iniciativas de nuestros vecinos. No pretendo ser original, sino simplemente hacer ver que iniciativas como la de Ander o la mía, en otros lugares, se han llevado a la práctica, supongo que a fuerza de voluntad, entusiasmo y consenso.


Asunto: RV: La crisis del automóvil en Euskadi: ¿y si cambiamos los roles? 
 
EL CLIENTE:
En principio, un término abstracto que define el punto inicial y final de la cadena económica. En esta esquina de Euskadi, muchas veces suele designar a una poderosa corporación, un verdadero monstruo con nombre corto y capacidad de compra fabulosa al que tenemos demonizado porque que exige de sus proveedores esfuerzos inimaginables. Desde otro punto de vista designa al pobre diablo al que se puede seducir —engañar, mediatizar, alienar— para que se gaste sus cuartos en este coche, en aquel fondo de inversión, o en la enésima superoferta de teléfono móvil. Y si no tiene cuartos, en condiciones normales, el banco se los presta para que siga comprando y el tinglado siga así con su movimiento circular.

Es el tipo de comentario que oímos con frecuencia, y más ahora que el tinglado se ha parado. Y aún se nos dice una y otra vez que la solución a los problemas es que ese pobre diablo se sobreponga al susto que le ha supuesto ver que la economía mundial —¡y fíjate que se lo olía!—  es un castillo de naipes. Se le insta a  que comience de nuevo a tirar de billetera y de cuenta de crédito, mientras allá arriba rediseñan ansiosos el vigésimo plan estratégico de este año los que siguen sin querer aceptar que el pobre diablo les tiene agarrados de…”las ventajas competitivas”.

Puede que nos identifiquemos con ese esforzado proveedor en permanente postura de genuflexión, pero lo que es seguro es que somos ese pobre diablo que —aunque no se engaña— se deja engañar lo suficiente en un voluntario “do ut des” —o también  “quid pro quo”, segundo latinajo para definir la sociedad como equilibrio de egoísmos—. Con sus decisiones de compra alimenta más o menos conscientemente la cadena de productos que entran por una carretera, mientras con el rabillo del ojo mira los que salen por el carril contrario…productos que tal vez ha embalado él mismo o  dibujado en una pantalla de CAD. Ese individuo perplejo, digo, somos tú y yo.

EL JUEGO DE FUERZAS Y EL COCHECITO ELECTRICO
Ahora nos van a intentar engañar con el cuento verde de la huella ecológica, o sea, la parte alícuota de cada uno del daño global al planeta —más bien el sentimiento de culpa que quieren canalizar comercialmente—, y para ello  van a lanzar el coche eléctrico, y así  todos compremos de nuevo sin remordimientos de conciencia. La compra pasará a convertirse en un acto heroico de solidaridad y de civismo, pues será a la vez resorte de la economía y de la regeneración ecológica. Con apariencia de cambio drástico, de inversión de sentido, de revolución casi, todo debe cambiar —despacio, que los intereses son muchos y muy variados ¿verdad, señor presidente?— para que todo permanezca igual.

Es en este contexto donde quiero lanzar mi peregrina propuesta de invertir en una inversión de posiciones, y que tiene dos pasos:

—         El proveedor se convierte en cliente, y para ello invierte
—         El cliente, en vez de invertir, se convierte en usuario, porque llega a la completa conciencia de que es el verdadero dueño de la situación

En Euskadi, muchos proyectos no se entienden si no han adoptado la forma de empresa.  —en algún caso ni siquiera se conciben si no revisten la figura de cooperativa— y actualmente, ninguno se toma en consideración si no se aproxima a la topología de la red. Mi propuesta de momento no pasa de ser un pequeño anzuelo en la punta del sedal, por lo que me excuso de tener que justificarla.

¿qué pasaría si los proveedores actuales de los fabricantes de automóviles, es decir, una gran cantidad de empresas vascas,  pudieran neutralizar el poder de compra de esas macroempresas contraponiendo un poder de compra… ¡de coches!? Pero, lo que puede ser más eficaz ¿qué pasaría si hicieran valer su influencia social para canalizar voluntades individuales y colectivas (anti marketing)?.  

¿qué pasaría si mediatizaran, de forma consentida y voluntaria, ciertas necesidades de movilidad —las más discrecionales, las más capilares, las más individuales— de una buena parte de los tres millones de ciudadanos de este país, de esta “ciudad de barrios dispersos”, impulsando el uso —que no la propiedad— de una nueva flota de coches eléctricos? En un primer paso sería financiada y mantenida por empresas de diferentes localidades.  ¿no podrían entonces esas empresas sentarse en diferentes mesas de negociación haciendo hacer valer una “nueva” posible posición?

¿aceptaría la gente —trabajadores de fábricas, enfermeras de hospitales o funcionarios de ayuntamientos—  pagar una cuota por el uso de un coche eléctrico para ir a trabajar cada día de un pueblo a otro? Renunciando voluntariamente a la disponibilidad plena de un bien en propiedad, y seguramente vez a la contaduría de los tiempos diarios en términos de minutos y segundos, esa persona aceptaría utilizar un coche que nunca será el mismo, que nunca será suyo y que no estará más que “aproximadamente” a su disposición. Reservará —incluso de forma programada, incluso de forma compartida— la recogida del coche en un punto y la entrega en otro, liberándolo así para más usos. Esos garajes de entrega de vehículos son a su vez puntos de recarga y mantenimiento, y el objetivo es que estuvieran ubicados en el mayor número de lugares posible —fábricas, almacenes, parkings, caseríos—

Si hemos llegado a plantear que el cliente final es la red de empresas que compra la flota de coches y pone en común una cadena de estaciones de recarga y estacionamiento, mas —y no sería lo menos importante— una aplicación web de reserva y de gestión de itinerarios y plazas, no es difícil dar un paso más y convertir eso en un servicio público, o también en una red de usuarios finales autoorganizados o tal vez  constituidos ellos mismos como empresa.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque no estoy en ninguna de las organizaciones de la comarca, me permito intervenir en relación a las propuestas de Ander sobre el coche eléctrico y sobre el tráfico. Querría incidir precisamente sobre las partes menos tecnológicas de su idea (chófer-robot, reaprovechamiento de energía en el coche,&#8230;), y destacar en cambio las más sociales (transporte público, alquilar en vez de comprar, compartir vehículo,&#8230;).</p>
<p>No planteo ninguna novedad, ya que tanto alquilar como compartir son iniciativas que se vienen ensayando con cierto éxito en Francia, y sobre todo en Suiza y Alemania. Como muestra se pueden consultar por ejemplo:</p>
<p><a href="http://www.covoiturage.com" rel="nofollow">http://www.covoiturage.com</a><br />
<a href="http://franceautopartage.com" rel="nofollow">http://franceautopartage.com</a></p>
<p>En Suiza encontramos tal vez el ejemplo más significativo:<br />
fttp://www.mobility.ch</p>
<p>También hay algunas iniciativas netamente empresariales de empresas de alquiler:<br />
<a href="http://www.okigo.com" rel="nofollow">http://www.okigo.com</a></p>
<p>Me permito incluir un pequeño texto que envié a Innobasque en Enero, antes incluso de conocer estas iniciativas de nuestros vecinos. No pretendo ser original, sino simplemente hacer ver que iniciativas como la de Ander o la mía, en otros lugares, se han llevado a la práctica, supongo que a fuerza de voluntad, entusiasmo y consenso.</p>
<p>Asunto: RV: La crisis del automóvil en Euskadi: ¿y si cambiamos los roles? </p>
<p>EL CLIENTE:<br />
En principio, un término abstracto que define el punto inicial y final de la cadena económica. En esta esquina de Euskadi, muchas veces suele designar a una poderosa corporación, un verdadero monstruo con nombre corto y capacidad de compra fabulosa al que tenemos demonizado porque que exige de sus proveedores esfuerzos inimaginables. Desde otro punto de vista designa al pobre diablo al que se puede seducir —engañar, mediatizar, alienar— para que se gaste sus cuartos en este coche, en aquel fondo de inversión, o en la enésima superoferta de teléfono móvil. Y si no tiene cuartos, en condiciones normales, el banco se los presta para que siga comprando y el tinglado siga así con su movimiento circular.</p>
<p>Es el tipo de comentario que oímos con frecuencia, y más ahora que el tinglado se ha parado. Y aún se nos dice una y otra vez que la solución a los problemas es que ese pobre diablo se sobreponga al susto que le ha supuesto ver que la economía mundial —¡y fíjate que se lo olía!—  es un castillo de naipes. Se le insta a  que comience de nuevo a tirar de billetera y de cuenta de crédito, mientras allá arriba rediseñan ansiosos el vigésimo plan estratégico de este año los que siguen sin querer aceptar que el pobre diablo les tiene agarrados de…”las ventajas competitivas”.</p>
<p>Puede que nos identifiquemos con ese esforzado proveedor en permanente postura de genuflexión, pero lo que es seguro es que somos ese pobre diablo que —aunque no se engaña— se deja engañar lo suficiente en un voluntario “do ut des” —o también  “quid pro quo”, segundo latinajo para definir la sociedad como equilibrio de egoísmos—. Con sus decisiones de compra alimenta más o menos conscientemente la cadena de productos que entran por una carretera, mientras con el rabillo del ojo mira los que salen por el carril contrario…productos que tal vez ha embalado él mismo o  dibujado en una pantalla de CAD. Ese individuo perplejo, digo, somos tú y yo.</p>
<p>EL JUEGO DE FUERZAS Y EL COCHECITO ELECTRICO<br />
Ahora nos van a intentar engañar con el cuento verde de la huella ecológica, o sea, la parte alícuota de cada uno del daño global al planeta —más bien el sentimiento de culpa que quieren canalizar comercialmente—, y para ello  van a lanzar el coche eléctrico, y así  todos compremos de nuevo sin remordimientos de conciencia. La compra pasará a convertirse en un acto heroico de solidaridad y de civismo, pues será a la vez resorte de la economía y de la regeneración ecológica. Con apariencia de cambio drástico, de inversión de sentido, de revolución casi, todo debe cambiar —despacio, que los intereses son muchos y muy variados ¿verdad, señor presidente?— para que todo permanezca igual.</p>
<p>Es en este contexto donde quiero lanzar mi peregrina propuesta de invertir en una inversión de posiciones, y que tiene dos pasos:</p>
<p>—         El proveedor se convierte en cliente, y para ello invierte<br />
—         El cliente, en vez de invertir, se convierte en usuario, porque llega a la completa conciencia de que es el verdadero dueño de la situación</p>
<p>En Euskadi, muchos proyectos no se entienden si no han adoptado la forma de empresa.  —en algún caso ni siquiera se conciben si no revisten la figura de cooperativa— y actualmente, ninguno se toma en consideración si no se aproxima a la topología de la red. Mi propuesta de momento no pasa de ser un pequeño anzuelo en la punta del sedal, por lo que me excuso de tener que justificarla.</p>
<p>¿qué pasaría si los proveedores actuales de los fabricantes de automóviles, es decir, una gran cantidad de empresas vascas,  pudieran neutralizar el poder de compra de esas macroempresas contraponiendo un poder de compra… ¡de coches!? Pero, lo que puede ser más eficaz ¿qué pasaría si hicieran valer su influencia social para canalizar voluntades individuales y colectivas (anti marketing)?.  </p>
<p>¿qué pasaría si mediatizaran, de forma consentida y voluntaria, ciertas necesidades de movilidad —las más discrecionales, las más capilares, las más individuales— de una buena parte de los tres millones de ciudadanos de este país, de esta “ciudad de barrios dispersos”, impulsando el uso —que no la propiedad— de una nueva flota de coches eléctricos? En un primer paso sería financiada y mantenida por empresas de diferentes localidades.  ¿no podrían entonces esas empresas sentarse en diferentes mesas de negociación haciendo hacer valer una “nueva” posible posición?</p>
<p>¿aceptaría la gente —trabajadores de fábricas, enfermeras de hospitales o funcionarios de ayuntamientos—  pagar una cuota por el uso de un coche eléctrico para ir a trabajar cada día de un pueblo a otro? Renunciando voluntariamente a la disponibilidad plena de un bien en propiedad, y seguramente vez a la contaduría de los tiempos diarios en términos de minutos y segundos, esa persona aceptaría utilizar un coche que nunca será el mismo, que nunca será suyo y que no estará más que “aproximadamente” a su disposición. Reservará —incluso de forma programada, incluso de forma compartida— la recogida del coche en un punto y la entrega en otro, liberándolo así para más usos. Esos garajes de entrega de vehículos son a su vez puntos de recarga y mantenimiento, y el objetivo es que estuvieran ubicados en el mayor número de lugares posible —fábricas, almacenes, parkings, caseríos—</p>
<p>Si hemos llegado a plantear que el cliente final es la red de empresas que compra la flota de coches y pone en común una cadena de estaciones de recarga y estacionamiento, mas —y no sería lo menos importante— una aplicación web de reserva y de gestión de itinerarios y plazas, no es difícil dar un paso más y convertir eso en un servicio público, o también en una red de usuarios finales autoorganizados o tal vez  constituidos ellos mismos como empresa.</p>
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